Al analizar el pecado capital de la avaricia, el obispo Munilla indica que el problema no son los bienes en sí mismos, sino cuando estos dejan de servir al amor y esclavizan el corazón. Para sanar la avaricia, se nos invita a trabajar la generosidad, que nace de una memoria agradecida y humilde, y a pedir el Espíritu Santo que nos conceda el don de consejo, el cual nos ayuda a discernir cuándo usar o renunciar a los bienes para amar más a Dios y servir al bien común.
Se recomienda ver este video a partir del minuto 2:40.
¡Ahora a por el test! Puedes responderlo pinchando aquí.
Envía un email a: parroquiaenformacion@rpmagdalena.org